Mucho más que una merienda: cuidar la salud desde lo cotidiano
Hay necesidades que pasan desapercibidas porque forman parte de lo cotidiano. Comer bien, tener energía, concentrarse en clase o simplemente sentirse bien en el propio cuerpo son aspectos que, en muchos contextos, no están garantizados. Con esta realidad, desde Asociación Entre Amigos desarrollamos el proyecto Apoyo alimentario a la infancia y adolescencia en zonas desfavorecidas, una intervención que llevamos a cabo en tres provincias —Sevilla, Córdoba y Málaga— para garantizar algo tan básico como el acceso a una alimentación saludable.
En territorios como el Polígono Sur de Sevilla, la barriada de Las Palmeras en Córdoba o zonas de Málaga como Nuevo San Andrés–El Torcal, la alimentación de niños, niñas y adolescentes está profundamente condicionada por la situación económica y social de las familias. En muchos casos, la merienda no existe o se basa en productos ultraprocesados, bebidas azucaradas o alimentos de bajo valor nutricional, lo que tiene consecuencias directas en la salud, el desarrollo y el bienestar.
Frente a esta situación, el proyecto parte de algo sencillo pero fundamental: asegurar cada día una merienda saludable. Cada tarde, más de 350 menores reciben alimentos frescos, equilibrados y adaptados a sus necesidades, cubriendo una carencia básica que, en muchos casos, marca la diferencia en su día a día. Pero este momento no es solo una entrega de alimentos, es también un espacio de encuentro, de observación y de acompañamiento cercano.
Porque detrás de cada merienda hay mucho más. Hay un equipo que planifica semanalmente los alimentos para garantizar variedad y equilibrio nutricional, asegurando la presencia de frutas, lácteos, cereales y proteínas. Hay una intención clara de romper con hábitos poco saludables y de introducir alternativas reales que puedan mantenerse en el tiempo. Y hay, sobre todo, una oportunidad diaria para trabajar con los menores desde lo educativo.
En paralelo, el proyecto incorpora actividades dinámicas y participativas donde los niños y niñas aprenden de forma práctica qué significa comer bien. A través de juegos, talleres y dinámicas adaptadas a su edad, descubren por qué ciertos alimentos les ayudan a tener más energía, concentrarse mejor o descansar adecuadamente. Además, se introducen rutinas básicas de higiene asociadas a la alimentación, como el lavado de manos antes de comer o el cuidado bucodental, reforzando hábitos que impactan directamente en su salud.
El trabajo no se queda en lo grupal. La observación diaria permite detectar situaciones más complejas, como casos de malnutrición, carencias alimentarias graves o dificultades familiares. En estos casos, se activa un seguimiento individualizado, acompañando a las familias y coordinando la intervención con servicios sociales o sanitarios cuando es necesario. Este enfoque permite ir más allá de la respuesta inmediata y abordar las causas de fondo.
Además, el proyecto contribuye a generar entornos más protectores, donde la alimentación se convierte en una puerta de entrada para trabajar otros aspectos clave del bienestar infantil. La coordinación con centros educativos y recursos del territorio refuerza esta intervención, construyendo una red que amplía el impacto y asegura una atención más completa.
A través de Apoyo alimentario a la infancia y adolescencia en zonas desfavorecidas, seguimos apostando por intervenciones que parten de lo básico, pero que tienen un impacto profundo en la vida de los niños y niñas, ayudándoles a crecer en mejores condiciones y con más oportunidades.
Este proyecto está financiado con cargo a la asignación tributaria del 0,7% del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y del Impuesto sobre Sociedades, en el marco de la convocatoria de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía.